El pasado fin de semana estuvo presidido por el evento atlético más importante del año a nivel nacional. Los que andan metidos en esto del atletismo saben que me estoy refiriendo al Campeonato de España. Sobran apellidos, pues el absoluto de aire libre es el único campeonato que realmente te hace sentir que formas parte del verdadero atletismo espectáculo. El resto de campeonatos solo son metas volantes previas a la gran final. Todo atleta debería poder vivirlo al menos una vez a lo largo de su carrera. Los entrenadores lo sabemos, y trabajamos con nuestros atletas durante tantos años como nos dejan para poder conseguir ese objetivo.
Es por tanto la selectividad anual a la que nos sometemos unos y otros, atletas y entrenadores, y por tanto es, en la mayoría de ocasiones, la que termina definiendo el balance final que podemos hacer de la temporada. Atrás han quedado todos los meses de trabajo, las largas sesiones invernales, los altibajos inevitables, los ajustes de programación, los intercambios de ideas y los tirones de riendas… Las expectativas ya no importan. Es la hora de la verdad. Y en esa hora esperada, la verdad canta al son que prefiere, reparte suerte al gusto, y comprobamos la certeza de la frase: nunca llueve al gusto de todos. Debo aclarar que lo que es lluvia, en Málaga hemos visto poca, aunque terminábamos cada jornada empapados como si el mismo cielo se hubiera derramado sobre nosotros a lomos del fatídico terral veraniego que, de vez en cuando arrasa la vega malagueña.
El decatlón se hizo duro, en algunos momentos asfixiante, mitigado tan solo por el extraordinario compañerismo vivido entre los rivales.
Las expectativas de Imanol se derrumbaron tras un inicio donde los puntos se escapaban entre los dedos como pececillos de estanque. Un cien flojo y una longitud más floja aún, le metía en una espiral negativa que casi le saca de la tabla. En ningún momento estuvo en competición, ni tan siquiera ese lanzamiento más allá de los cuarenta metros en disco, pues los dos sabemos que podía volar bastante más lejos. Sería fácil extraer la errónea conclusión de que un decatlón como este, en el que no salió nada de nada se ha de olvidar cuanto antes para iniciar el trabajo de nuevo. Pero el que olvida no aprende, así que debemos aprender a afrontar la competición con confianza, pero nunca confiados.
Salva sí rindió a buen nivel en su debut en el Campeonato de España. Sin embargo, todos queríamos más porque podíamos esperar más. La primera jornada finalizó algo por debajo de marca personal gracias a una longitud demasiado floja, pese a rendir a buen nivel en el resto de pruebas, especialmente en la altura, 1,85. La segunda empezó bien, ganando la serie de 110v. con récord de Barberà incluido 15”94. Es la tercera persona que bate este récord esta temporada. El resto de pruebas... algo por debajo de lo que queríamos pero sin fallar clamorosamente en ninguna. Al final sexto con 6.503 puntos. Una buena marca y un mejor puesto que permite pensar en lo que será capaz de hacer este atleta en un futuro cercano.
No quiero terminar mi crónica del decatlón sin hablar de los atletas del podio. El campeón, David Gómez, aún con algunos problemas que le obligaron a competir de forma muy “reservona” arriesgando lo mínimo.
“El largo”, Oscar González, El Malagueño que estuvo arropado por su gente en todo momento, incluso durante la competición de pértiga bajo aquél sol de injusticia. Tal y como ya auguraba el excelente video de promoción del campeonato no estuvo solo.
Y Joan Estruch. Un atleta que ha tenido toda la mala suerte del mundo, que ha seguido trabajando y que en Málaga ha obtenido recompensa.
A todos los participantes, AMIGOS y también rivales de mis atletas, y por supuesto a sus entrenadores, felicidades.
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